¿Qué es la disciplina positiva?
La disciplina positiva es una corriente educativa orientada a comprender el comportamiento de niños y niñas con el objetivo de acompañarlos y guiarlos de forma afectiva, positiva, firme y respetuosa.
La clave de la educación no reside en el castigo, sino por el contrario, en el respeto entre las personas.
La disciplina positiva educa, a través de su teoría, a familias, profesores y técnicos superiores en educación infantil a ser amables, respetuosos y firmes al mismo tiempo.
El objetivo es que niños y niñas aprendan desde temprana edad a ser disciplinados y a cooperar, sin ello implique ser “corregidos” constantemente por los adultos.
Se pretende establecer lazos de conexión -entre- personas adultas y niñeces.

¿Cómo surge esta corriente?
Hace más de cien años el psiquiatra Alfred Adler y su colaborador, psiquiatra y educador Rudolf Dreikurs sentaron las primeras bases de la disciplina positiva.
Años más tarde, Jane Nelsen, educadora y doctora en psicología, recurrió a los principios de Adler y Dreikurs, con el fin de implementarlo en su propia vida y abordar los conflictos cotidianos con sus cinco hijos.
Gracias a la ayuda de la educadora Lunn Lott y otros formadores, desarrolló, en la época del 80, el primer manual de Disciplina Positiva.
Principios de la Disciplina Positiva
La disciplina positiva se basa en siete principios básicos:
1) Comprender las malas conductas:
La conducta de los niños/as es como la punta de un iceberg. Lo que está a flote es lo fácilmente observable. Sin embargo, eso no es todo. Si nos sumergimos nos encontraremos con que hay más bloque de hielo en las profundidades, y es generalmente allí donde hallaremos las verdaderas razones de sus comportamientos.
Castigar al peque por una mala conducta quizás dé como resultado que no vuelva a repetir ese mismo acto, pero encontrará nuevos modos de “portarse mal”. La disciplina positiva propone descubrir los motivos, es decir, ir hacia el fondo del iceberg.
2) Amabilidad y firmeza al mismo tiempo:
“La amabilidad es importante para demostrar que respetamos al niño. La firmeza es importante para demostrar que nos respetamos a nosotros” Jane Nelsen.
Un ejemplo para aplicarlo: mi hija me grita porque está enfadada conmigo. Le he pedido que se calme pero solo grita más fuerte. ¿Qué hago? Una alternativa es irme de la habitación. Una vez que haya pasado un tiempo y logremos estar todos más tranquilos, regreso y le explico que puedo comprender su enojo, pero no la manera en que lo expresa, que eso me hace sentir mal, y que cada vez que suceda algo similar, optaré por irme.
3) Respeto mutuo:
Dar un paso hacia el costado del adultocentrismo. Todos merecemos respeto y dignidad, tanto personas adultas como las infancias.
4) Errores como oportunidades para aprender:
Está bien que marquemos sus errores, pero no como algo negativo, sino como una oportunidad para hacerlo mejor.
Si solo ponemos énfasis en sus errores, probablemente dañemos su autoestima, generemos temor a la humillación, provoquemos que se vuelvan dependientes de la aprobación externa o que disimulen sus errores para evitar que los demás los noten.
5) Implicar a los niños y niñas en la resolución de conflictos:
Jane Nelsen dice que “cuando los niños forman parte de la toma de decisiones, están más dispuestos a cumplir las normas”.
Al organizar una reunión familiar para abordar un problema, no solo le estamos enseñando sobre esa problemática puntual, sino también a pensar en conjunto, a escucharnos, respetar las diferentes opiniones, intentar llegar a un consenso, etc.
6) Centrarse en las soluciones:
Cuando surge algún problema, desde la disciplina positiva se evita aplicar un castigo. En cambio, se sugiere la búsqueda en conjunto (entre el niño/a y el adulto/a) de acuerdos respetuosos, hasta llegar a una solución en la que todos podamos sentirnos a gusto.
7) Motivación:
La motivación es el motor que nos empuja. Cuando hay motivación en el aprendizaje, por ejemplo, este se vuelve mucho más significativo. Lo mismo sucede en todos los ámbitos de la vida. “Hacer algo” cuando estamos motivados, nos causa placer. Conocer al niño o niña, sus deseos, aquello que le divierte o gusta, nos ayudará a ser más creativos a la hora de motivarles.
Disciplina positiva en la crianza: ¿Cómo aplicarla?
Incorporar herramientas de la disciplina positiva siempre es un buen punto de partida. Ya sea como docentes, en el área de la educación formal o no formal, como madres o padres en nuestros hogares, etc.
Lo importante a saber es que un cambio en la conducta no sucede de la noche a la mañana y que el abordaje de la educación se lleva a cabo de manera integral.

¿Qué queremos decir?
Que no existen “trucos de magia” y mucho menos funcionando de manera aislada.
La disciplina positiva tiene que ver con un modo consistente y sostenido en el tiempo, de abordar la educación y el vínculo con los niños y las niñas.
Es desde esta mirada integral y transversal, donde compartimos algunas herramientas que seguro puedan ayudaros en el día a día:
1- Informar lo que está por venir:
Si bien como personas adultas somos quienes tomamos las decisiones (o al menos la mayoría), es importante que ellos se sientan involucrados.
Cuando les avisamos sobre el momento que es la hora de bañarse, o que nos vamos a cenar a casa de algún familiar, que deben cambiarse de ropa, etc. muchas veces notaremos que ponen resistencia. La simple razón suele ser que no lo quieren hacer simplemente porque no estaban mentalizados, porque quizás están divertidos jugando, o se sienten cansados, o tienen en mente otros planes.
Avisarles con anticipación “hoy a la noche iremos a cenar a casa de los tíos”, “hoy por la tarde es día de baño”, etc., hace que ellos no solo vayan haciéndose la idea, sino también se sientan parte de la familia como equipo.
Incluso si así surgiesen resistencias, siempre es recomendable mostrarnos comprensivos. “Entiendo que te sientas cansado y no desees bañarte, a mi también me pasa, pero debemos higienizarnos. Hoy haremos una ducha más rápida”.
2- Aquello que le voy a decir al niño/a ¿se lo diría a una persona adulta?
A veces nos encontramos repitiendo “esto se hace así porque lo digo yo”.
Generalmente este tipo de respuestas suele traer consecuencias más negativas que positivas
Se trata de educar, buscando acuerdos entre ambos, conciliando, empatizando y explicándoles los porqués.
Puede que lleve un poco más de tiempo o energía, pero también es mucho más eficaz a largo plazo.
Por ejemplo, no es lo mismo decirle “hasta que no te comas todas las verduras no te levantarás de la mesa”, que explicarle los motivos por los cuáles es importante la ingesta de verduras, contarle acerca las diferentes formas en que podemos cocinarlas y tomarnos un momento para diseñar juntos el menú semanal.
3- Proponerles opciones limitadas:
Se trata de hacerlos participar de las elecciones pero limitando las posibilidades. Dejando claro que pueden participar en la toma de decisiones, sin que eso implique hacer lo que ellos quieran todo el tiempo o a cualquier costo.
Por ejemplo, llega el momento de ir al colegio y está jugando con sus juguetes.
Decirle “deja tus juguetes que tenemos que salir”, quizá no funcione.
Podemos ofrecerle la opción de llevar algún juguete con ellos para mostrarle el recorrido o explicarle al muñeco que se nos está haciendo tarde, pero que a la vuelta le contamos cómo nos ha ido en la escuela.
4- Aplicar el juego y el sentido del humor:
Incorporar actividades lúdicas a los quehaceres cotidianos. Todo aquello que involucre juego y risas siempre convoca más.
Por ejemplo, no es lo mismo decir “recoge tus juguetes” que proponer una forma divertida de hacerlo. “Pongamos música, nos transformamos en grúa y vamos levantando los juguetes que estén mal estacionados”.
Luego de ello podemos tomarnos un momento y hacer hincapié en la importancia de guardar los juguetes luego de jugar. Explicarles que si no los guardamos entonces podemos pisarlos sin querer y romperlos, tropezar con ellos y caer, lastimarnos, etc.
5- Preguntar antes de acusar:
Si queremos que una conducta cambie y se produzca un verdadero aprendizaje, las órdenes o acusaciones, propias del autoritarismo, no nos van a dar resultado a largo plazo. Solo van a generar una respuesta condicionada, que lejos está de ser asimilada como aprendizaje significativo.
Por otro lado, las preguntas de curiosidad que los inciten reflexionar y los conduzcan a hallar ellos mismos sus propias conclusiones, hace que integren mejor el aprendizaje y se abran a colaborar.
Por ejemplo, no es lo mismo decirles “pedile perdón a tu amigo por haberle pegado”, que preguntarle qué ha ocurrido, por qué le ha pegado, cómo se siente con eso, cómo piensa que puede sentirse su amigo al recibir un golpe, y de qué manera podemos resarcir ese impulso que ha llevado a dañar a su amigo.

6- Dejar que hagan las cosas ellos/as, pero enseñándoles cómo:
En este sentido, la disciplina positiva plantea la estrategia de los 4 pasos:
Uno: lo hago yo y mi hijo/a observa cómo lo estoy haciendo
Dos: lo hago yo y mi hijo/a me ayuda
Tres: lo hace mi hijo/a y yo le ayudo
Cuatro: lo hace mi hijo/a y yo le observo
7- Tomarse un tiempo muerto:
Las emociones muchas veces “nos asaltan”. Es entonces cuando respondemos desde el enojo, el agotamiento o la frustración. Este tipo de respuestas, lejos de calmar situaciones estresantes, las potencian.
Una buena opción frente a alguna travesura, berrinche o situación que sintamos que se nos va de control, es tomarnos un respiro.
De ser posible salirnos de la escena e ir hacia otro lugar, hacer unas cuantas respiraciones hasta aclarar nuestra mente, ideas y emociones.
No se trata de evadir el conflicto, sino por el contrario, de afrontarlo con límites claros, pero desde un lugar que esté lo más lejos posible de nuestro estado de desborde emocional.
8- Transformar los “no se puede” por aquello que “sí se puede hacer”
Se trata de enseñar haciendo hincapié en lo que sí se puede. Marcar los límites desde las posibilidades y no tanto desde las limitaciones.
Por ejemplo: Podemos hablar en un tono más bajo, podemos movernos siendo cuidadosos, apoyamos el vaso más adentro de la mesa, cruzamos la calle tomados de la mano, etc.
9- Cambiar los “si no” por los “en cuanto”
Si bien la diferencia es sutil, el “si no” nos da sensación de amenaza o castigo, mientras que el “en cuanto”, solo es una consecuencia lógica de su accionar.
Por ejemplo, no es lo mismo decir “si no te vistes no vamos al parque”, que decir “en cuanto te vistas, vamos al parque”.
Las herramientas de la disciplina positiva son efectivas siempre y cuando seamos coherentes, consistentes y constantes.
Obviamente como seres humanos que somos muchas veces nos vemos desbordados por las emociones y no siempre podemos actuar desde la calma o pensar de forma estratégica.
La disciplina positiva nos ayuda a educar a nuestros hijos/as pero también a nosotros mismos, paciencia 🙂

Disciplina positiva en el Aula
Si entre los fundamentos de la disciplina positiva encontramos…
* Establecer una conexión emocional
* Fijar objetivos alcanzables
* Ser guía y ejemplo
* Establecer diálogos y acuerdos como método
* Destacar las buenas conductas.
… podemos decir que algunos de los beneficios de aplicar estos fundamentos de la disciplina positiva en la educación son:
* Prevenir y corregir las “malas conductas” con habilidades sociales básicas
* Ayudar a los niños y niñas a conectarse con su entorno y ser más cooperativos entre ellos y con los adultos
* Al dirigirnos con firmeza y amabilidad al mismo tiempo, nos verán a las personas adultas como una figura con autoridad en la que se puede confiar
* Lograr modificaciones a largo plazo, ya que no trabajamos castigando las consecuencias, sino profundizando en las causas.
* Incentivamos a los y las estudiantes a descubrir sus potencialidades y capacidades resolutivas
A su vez, la educación es transversal e integral.
¿Qué queremos decir?
Que si el modo de enseñar en la escuela, es el mismo modo de enseñanza en el ámbito familiar, el mecanismo de aprendizaje, es decir, de “aprender a aprender” también va a ser uno solo:
Desde la empatía, la amabilidad, la firmeza, el error como posibilidad, la colaboración, la cooperación, las emociones y el respeto.
Ser educados y educadas desde la disciplina positiva implicará muy probablemente adquirir las herramientas necesarias para poder, en un futuro, educar desde este mismo lugar, y he aquí su importancia.
