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Emociones y aprendizaje

Desarrollo de las emociones en el aula

Gracias a las neurociencias hoy podemos comprender que nuestro cerebro es el responsable central de aquello que sentimos y aprendemos. Cuando hablamos de emociones, aprendizaje y cognición, no estamos refriéndonos a dos conceptos aislados, sino todo lo contrario: son dos caras de una misma moneda.

El rol del docente es el de fomentar y habilitar las emociones y poder vincular los contenidos que se imparten en el aula, con situaciones de la vida cotidiana.

Cuanto más y mejor puedan los/as estudiantes desarrollar relaciones emocionales con los otros y con lo que se está aprendiendo en el aula, mayor actividad y procesamiento cerebral tendrán.

El aprendizaje significativo se favorece en espacios escolares que se encuentren libres de amenazas, miedo o intimidación.

¿Por qué?

Porque cuando un estudiante se siente amenazado, ya sea a través de palabras, miradas o gestos, automáticamente se desatan procesos emocionales o reacciones de supervivencia.

 

Emociones y aprendizaje

Es por esto que el aula tiene que ser un entorno seguro, donde los/as estudiantes sientan la confianza para poder manifestar sus emociones, y donde los/as docentes puedan reconocerlas, sin juzgarlas, y trabajar en ellas.

¿Qué son las Emociones? ¿Y para qué sirven?

Las emociones son reacciones psicofisiológicas ante determinadas situaciones.

Estas respuestas de nuestro cuerpo y mente, a las que llamamos emociones, pueden percibirse como agradables o desagradables, pero lo cierto es que siempre cumplen una función:

“Función Adaptativa”: nos permiten adaptarnos y habituarnos a los cambios y sobrevivir.

“Función Social”: nos permiten comunicarnos con los otros y con nosotros mismos, siendo capaces de expresar lo que nos suceda o necesitemos.

“Función Motivacional”: nos permiten prepararnos para la acción. Cada emoción nos brinda un determinado impulso para actuar.

 

Tipos de Emociones

Las emociones se encuentran vinculadas a todo aquello que sentimos, y según investigaciones de diversos autores, se las pueden clasificar en:

  • Emociones Primarias: enojo, tristeza, sorpresa, placer, miedo y disgusto.

Son aquellas que vienen inscriptas en nuestro ADN y se manifiestan en situaciones de supervivencia, con el fin de protegernos de algún peligro real o posible.  También sirven para la propagación de la especie.

  • Emociones Secundarias: empatía, compasión, culpa, vergüenza, orgullo, envidia, desprecio, reconocimiento, celos, optimismo, confianza.

Son lo que llamamos “sentimientos” y están influidas y atravesadas por la cultura y el entorno, es decir: se aprenden.

Al ser sociales, requieren de la presencia de un otro/a para expresarse. Comienzan a manifestarse alrededor de los dos años, y como no son innatas, es (o debería ser), tarea de la escuela, enseñarlas.

  • Emociones Mixtas: frustración, inseguridad, angustia, soledad, ansiedad, humillación, remordimiento.

Son aquellas que aparecen ante la apreciación personal que tenemos a determinados estímulos o situaciones disparadoras. No se refiere exactamente a una situación puntual, sino a la evaluación racional que hacemos ante ella. Por ejemplo, cuando en la escuela, algún/a docente manifiesta algún parecer o se expresa de determinada manera, cada estudiante lo evaluará y le afectará de manera diferente.

  • Emociones de Fondo: entusiasmo, desánimo.

Son aquellas que constituyen nuestro estado de ánimo de fondo. Hay quienes son más entusiastas que otro/as o que presentan esta emoción de manera más constante.

 

¿Por qué es tan importante conocer y enseñar sobre emociones?

  1. Porque guían el aprendizaje cognitivo.
  2. Porque facilitan el desarrollo del conocimiento cuando son significativas y están implicadas en la tarea a resolver.
  3. Porque si no hay emoción, el aprendizaje tiende a disminuir.

 

Familia y Escuela

Sin lugar a dudas la institución educativa tiene que garantizar un entorno de contención para que los niños y las niñas puedan desplegar su potencial y llevar a cabo el proceso de aprendizaje.

Como dijimos anteriormente, la educación emocional es indispensable y debe trabajarse desde los inicios.

Pero ¿qué rol cumplen las familias?

La familia es base, el sustento y el colchón, sobre todo en aquellas niñas y niños más pequeños, que comienzan a forjar su personalidad.

La comunicación entre la institución escolar y familiar no solo es necesaria sino que también debe ser fluida.

Por lo general, los niños o niñas que manifiestan dificultades en el aprendizaje, en el comportamiento o en la socialización, ya los presentan, o presentaron en alguna ocasión, con anterioridad, en su entorno familiar.

Es inusual que un estudiante desarrolle algún tipo de trastorno en el aula, si nunca antes lo manifestó en su hogar. Y si así fuese, debiéramos prestar especial atención, ya que podría tratarse de algún síntoma de que algo más estuviese ocurriéndole.

La educación es integral y es importante que como educadores o adultos responsables podamos estar atentos a la detección temprana de algún emergente, para que podamos trabajar en ello de manera interdisciplinaria y transversal.

Mantener una comunicación constante nos permitirá abordar la problemática de modo interdisciplinario, brindándole al estudiante las herramientas específicas para que se sienta confiado y capaz.

Y de ser necesario, siempre es recomendable, realizar una consulta con algún profesional de la salud o educación, según lo requiera el caso.

Tipos de emociones

Emociones en la escuela: “Objetivos”

La educación emocional se propone como objetivo facilitar conocimientos y habilidades sobre las emociones, con el fin de que el estudiante sea capaz de afrontar mejor los retos que se le planteen no solo en la escuela, sino en su vida cotidiana.

De esta manera, educar en emociones, además de contribuir a mejorar el bienestar personal, también lo hace a nivel social.

La educación emocional no se trata de una materia en particular, ni de una clase aislada, sino que es un proceso continuo y permanente, una construcción, escucha y colaboración entre todas las materias, docentes, directivos y familias, en conjunto.

Podemos identificar entre algunos de sus objetivos:

  • Adquirir conocimientos de nuestras propias emociones: poder identificarlas, discernirlas y nombrarlas
  • Fomentar una comunicación efectiva y afectiva para con los demás: poder expresarnos y escuchar al otro/a.
  • Aceptar las emociones propias y ajenas: comprender que no hay “emociones buenas o emociones malas”, sino emociones que pueden resultarnos agradables o desagradables.
  • Expresar las emociones de manera apropiada: poder poner en palabras aquello que sentimos y que sea comprensible tanto para nosotros mismos como para quien nos escuche.
  • Desarrollar la regulación emocional: ser capaces de no actuar o reaccionar frente a emociones intensas.
  • Aprender a desarrollar y potencias las emociones
  • Desarrollar competencias socioemocionales.

 

Beneficios en la escuela: 

Es tan importante enseñar sobre matemáticas, literatura o filosofía, como educar en emociones.

De hecho y como venimos viendo, para que se produzcan aprendizajes realmente significativos es imprescindible que estos se encuentren implicados por las emociones.

Según Immordino-Yang y Damasio, cuanto más comprendan los/as educadores la naturaleza de la relación entre emoción y cognición, serán más capaces de aprovechar esta relación para el diseño de ambientes de aprendizaje.

La “emoción” facilita la “atención” abriendo paso a la “memoria” y dando como resultado, finalmente, el “aprendizaje

Entre algunos de los beneficios de la educación emocional podemos encontrar:

  • Aquellos estudiantes que son capaces de regular sus emociones pueden participar mejor en clase y desarrollar un aprendizaje enriquecedor.
  • Aquellos estudiantes que desarrollen su empatía, serán capaces de regular sus emociones fuertes y de resolver problemas junto a otras personas.
  • Aquellos estudiantes que puedan reconocer y regular sus emociones más fuertes, consiguiendo entrar en calma, serán menos propensos a desarrollar conductas agresivas.
  • Aquellos estudiantes que hayan desarrollado habilidades interpersonales, que puedan trabajar en equipo y resolver problemas en grupo, tendrán menos posibilidades de manifestar conductas impulsivas o agresivas.
  • Aquellos estudiantes que tienen bienestar emocional, social y escolar, logran altos niveles de rendimiento y compromiso académico.
  • Aquellos estudiantes con habilidades de prestar atención, progresan mejor durante toda la escolaridad.
  • Aquellos estudiantes que establezcan lazos afectivos y relaciones interpersonales con pares y compañeros, se encuentran más comprometidos durante la escolaridad.

 

Tips y Actividades 

A continuación compartiremos algunos ejercicios o consejitos para realizar con niños/as tanto en el ámbito educativo como el hogar, con el fin de fomentar y ayudar a los/as niños a:

  • Conocer sus emociones: ¿qué son? ¿para qué sirven?
  • Reconocerlas e identificarlas
  • Aceptarlas
  • Expresarlas
  • Regularlas

Kit de Recursos Emocionales:

Ya sea en casa o en el aula, es importante que tengamos a mano un “kit emocional” con materiales y recursos que nos sirvan de apoyo para poder generar juegos o diálogos con los niños/as.

Una buena idea es armar el kit en conjunto: ¿Qué cosas crees que no podrían faltar?

  • Tarjetas o dibujos de rostros expresivos para identificar las emociones primarias (tristeza, placer, miedo, etc).
  • Imágenes de caras expresivas para conocer las emociones secundarias (vergüenza, culpa, orgullo, etc).
  • Fotos, imágenes o dibujos de escenas entre niños/as (pueden ser situaciones escolares como estudiantes jugando, compartiendo, peleando, etc)
  • Material audiovisual: películas, videos, etc.
  • Listas de música. (No necesariamente las canciones tienen que hablar de emociones, pueden ser melodías sin letras. Lo importante es el juego que generemos, por ejemplo, podemos pedirles que nos cuenten qué estados de ánimo o emociones activan los sonidos).
  • Revistas que puedan recortarse o dibujarse.
  • Libros: cuentos, obras de teatro, poemas, etc.
  • Obras de arte y objetos.
  • Tarjetas plastificadas con colores o emojis.
  • Títeres. Pueden ser de papel, guantes, medias, de dedos, etc.
  • Termómetro emocional. Se lo puede armar a modo de semáforo, utilizar las banderas del mar para vincularlas con las emociones, etc.

Emociones en la escuela

Actividades

Es a través del juego donde se manifiestan las emociones, o donde aparecen, muchas veces, de forma inconsciente, todo aquello de lo que no podemos hablar (o que nos cuesta), cuando estamos conscientes.

Es por ello que a continuación compartiremos algunos ejemplos de juegos.

Para que podamos divertirnos junto a los/as niños o estudiantes y también para que nos sirvan de “excusas” o habiliten el posterior diálogo y reflexión, ya sea en el ámbito educativo, como en nuestros hogares.

  • “Emoción como Bandera”: lo primero que haremos es compartir el significado de los colores de las banderas del mar. Luego las dibujaremos y colorearemos en una hoja. ¿Con qué emociones vinculamos a cada una? Seguidamente armaremos nuestras propias banderas (puede ser recortando las dibujadas en las hojas o con retazos de telas). Una vez listas ya tenemos material para trabajar: ¿Qué bandera representa mi estado de ánimo hoy? Si tuviese que ubicar una parte del cuerpo con cada emoción: ¿dónde colocaría cada bandera?, ¿Cómo se mueve cada bandera cuando sopla el viento? ¿Qué sonidos producen?
  • “Diccionario de Emociones”: el desafío será el de confeccionar entre todos y todas un diccionario de emociones y sentimientos. Podemos incorporar imágenes, dibujos, fotos y ejemplos de situaciones que nos despiertan determinadas emociones.
  • “¿Qué esconde mi voz?”: Repartiremos tarjetas con emojis. Si me toca, por ejemplo, el que está feliz, debo decir en voz alta “estoy feliz” unas tres o cuatro veces, pero modificando el tono de mi voz. El desafío será el de adivinar qué emoción está sintiendo realmente el compañero/a. ¿Puedo decir, por ejemplo, que estoy feliz, pero en realidad estoy triste? ¿Cómo sería? ¿Cómo nos damos cuenta?
  • “Frankenstein de las Emociones”: se puede realizar de modo individual o en grupos. La idea es buscar en revistas, distintas partes del rostro de una persona. El desafío será el de construir una cara nueva, con estos trozos recortados. ¿Cómo se llama este personaje? ¿Qué está sintiendo en este momento? Esa emoción: ¿tiene algún poder mágico? ¿Se animan a representarlo?
  • “Bingo Emocional”: Armaremos cartoncitos de bingo con diferentes emojis y los repartiremos entre los/as compañeros/as. Quién coordine el juego irá sacando de una cajita distintas tarjetas con el nombre de las emociones y tendrá que repetirlas en voz alta. El desafío será que cada niño/a identifique la emoción nombrada en su cartón. Quién primero lo haya completado, cantará: ¡Bingo Emocional!

 

 

 

 

 

 

 

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