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Regresión Infantil: Síntomas y Causas

¿Qué es la Regresión Infantil?

El aprendizaje de los niños y niñas no avanza ni tampoco se construye de forma recta y lineal. A veces “retrocede”. Y esta última palabra elegimos ponerla entre comillas porque en realidad no consideramos que se trate literalmente de un retroceso.

La regresión, al contrario de considerarse como dar un paso hacia atrás, es decir, retroceder, se lo entiende como una necesidad de los niños y niñas, de volver, de manera temporal, a una etapa anterior de su desarrollo que le brinde seguridad.

Generalmente la regresión infantil tiene lugar en niños y niñas de entre tres y cinco años y sucede cuando estos se encuentran atravesando un momento de ansiedad o presentan algún tipo de dificultad que les impide gestionar ciertos hábitos que ya habían adquirido anteriormente.

 

Regresión en niños

¿Cómo identificamos si nuestros niños o niñas están pasando por una regresión?

Generalmente, cuando los peques están atravesando alguna regresión, lo manifiestan dejando de realizar alguna capacidad que ya tenían adquirida o aprendida.

Lo ideal es que como madres, padres o cuidadores, no los regañemos, sino que podamos estar atentos a cuándo es que ocurren estos comportamientos, en qué contextos y de qué modos.

Muchas veces las regresiones infantiles tienen que ver con una necesidad de mayor atención, y si reaccionamos retándolos, puede resultar contraproducente para ellos.

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Los comportamientos más habituales en niñas y niños que indicarían que están presentando una regresión son los siguientes:

  • Control de esfínteres: a pesar de ya haber adquirido la capacidad de control y haberle quitado los pañales, es muy común que los niños mojen la cama, o incluso durante el día, se les escape el pis.
  • Higiene personal: suele suceder que pidan ayuda a la hora de vestirse o asearse solos, a pesar de haberlo aprendido.
  • Trastornos del sueño: puede que vuelvan a aparecer temores a la hora de irse a dormir, insomnio, pesadillas o no quieran dormir solos.
  • Habla: suele ocurrir, que a pesar de haber adquirido ciertas destrezas en el lenguaje, vuelvan a balbucear o a “hablar como un bebé”.
  • Hábitos: es usual que vuelvan a pedir el biberón, o el chupete o que le preparemos un plato de papillas.

A pesar de que las regresiones infantiles son totalmente comunes y frecuentes, sobre todo en niñas y niños pequeños, siempre es recomendable estar atentos a sus cambios de conducta, y de ser necesario consultar con algún especialista o profesional de la salud.

En ciertas ocasiones lo que en apariencia entendemos como una regresión normal en niños de su edad, también podría deberse a algún síntoma de alguna otra cuestión: recordemos que a edades tempranas los niños no siempre pueden verbalizar lo que les sucede, pero la mayoría sí lo demuestra a través de sus comportamientos.

 

Posibles causas de las Regresiones Infantiles

La regresión en la infancia suele coincidir con algún cambio importante en su vida.

Cuando de repente vuelven a mojar la cama, pedir el biberón o tener pesadillas por las noches, en realidad están reaccionando de forma defensiva ante nuevas circunstancias, buscando en los comportamientos anteriores esa seguridad o apoyo, que le proporcionaron en algún momento esas conductas ya conocidas.

Algunos de los nuevos desafíos a los que se enfrentan niñas y niños y que suelen desencadenar este volver hacia atrás, pueden ser:

  • El nacimiento de un hermanito o hermanita
  • El inicio del colegio
  • Una mudanza
  • Las vacaciones familiares
  • La muerte de alguien querido
  • Algún problema o crisis familiar
  • Situaciones de estrés o tensión en la escuela, como por ejemplo bullying
  • Alguna situación caótica, como por ejemplo una pandemia

El miedo a crecer también suele ser un motivo por el cuál puede manifestarse una regresión en niños y niñas: entre los tres y los cinco años, los peques se van transformando de bebés a niños y esto muchas veces trae aparejado nuevas exigencias o tareas en las que los niños pueden sentir temor al fracaso.

De todos modos no siempre existe o podremos identificar algún contexto puntual responsable de desencadenar una regresión infantil.

Es por ello que ante todo, el consejo es: ¡atención y paciencia!

 

¡Madres y Padres! ¿Qué hacemos frente a una Regresión Infantil?

Para comenzar, debemos aclarar que cada niño o niña es particular y cada familia, junto con su contexto, también lo es.

Por lo tanto, no existen recetas mágicas que sean aplicables en absolutamente todos los casos.

Regresión de etapas en niños

Lo que sí podemos hacer es compartirles algunos TIPS que seguro les serán de gran ayuda a la hora de repensar cómo actuar frente a alguna regresión infantil.

  • Aceptarlas: las regresiones forman parte del desarrollo. Los progresos y las “vueltas hacia atrás” son necesarias, normales, y forman parte del aprendizaje y del proceso evolutivo de los niños y las niñas.
  • No enfadarse ni regañarlos: las regresiones infantiles les son funcionales a los niños ya que los ayudan a sentirse seguros. Regañarlos o enfadarse con ellos solo provocará que las repriman o se angustien y probablemente les creen mayores inseguridades.
  • Paciencia y comprensión: escucharlos y mostrarnos comprensivos ante lo ocurre. Ser empáticos con ellos y brindarles la confianza necesaria, los ayudará a atravesar y superar la regresión.
  • No darle excesiva importancia: quitarle peso al comportamiento o conducta regresiva hará que podamos naturalizar dicha situación, sin generarle sentimientos de frustración o culpas
  • Acompañarlos emocionalmente: poder propiciar un terreno seguro para que puedan expresarse libremente, ayudándolos a identificar cómo se sienten. Hablarles de las emociones, nombrarlas y sobre todo ¡no juzgarlas!
  • Buscar soluciones en conjunto: ¿qué podemos hacer para aprender un hábito que hemos olvidado? Quizás haya que volver a explicarles o enseñarles muchas veces más, acompañarlos, ayudarlos… ¡y negociar! Tal vez el niño o la niña no pueda volver a tomar en biberón, pero sí podemos elegir entre los dos una nueva taza, con su color favorito o algún personaje de alguna peli que le guste mucho.
  • Evitar palabras negativas: no es recomendable utilizar frases como “ya eres demasiado grande”, “¿es que vuelves a ser un bebé? o “estas tonterías no las hacen los niños de tu edad”.
  • No imitarlos: imitar su voz cuando por ejemplo están hablando como “un bebé”, puede resultarles una burla y ocasionarle sentimientos de frustración o vergüenza.

Como hemos mencionado anteriormente, dedicarles tiempo y ¡paciencia! es fundamental para que puedan sentirse acompañados y sobre todo seguros. Recordemos que las regresiones infantiles aparecen muchas veces como una búsqueda inconsciente ante situaciones donde sienten falta de confianza o inseguridad.

Reforzar su autoestima y brindarles seguridad, seguramente hará que puedan atravesar este período pasajero de la mejor manera.

¿Debemos preocuparnos?

La realidad es que con todo lo mencionado anteriormente, nos estamos ocupando bastante.

Si bien las regresiones infantiles son momentáneas y pasajeras, debemos permanecer con la escucha y la observación atenta.

En el caso de que la regresión dure demasiado tiempo o esté acompañada por otros cambios en la conducta como tristeza prolongada, agresividad o irritabilidad, es aconsejable realizar una consulta con algún pediatra o profesional de la salud ya que es necesario, ante todo, descartar algún problema o desorden físico o psicológico.

Regresión infantil y miedo: tiempos de pandemia

Hace dos años comenzaba una pandemia debido al surgimiento de un virus hasta ahora desconocido: coronavirus.

La mayoría de las personas nos vimos obligadas a afrontar situaciones totalmente nuevas, como los confinamientos, uso de barbijos, extremas medidas de cuidado, etc.

El miedo ante lo desconocido, que además representaba un peligro de vida, se hizo presente.

 

Causas de la regresión en niños

 

Y los niños y niñas, por supuesto no quedaron al margen de esta situación.

Más allá de comprender o no (según la edad), lo que estaba ocurriendo en el exterior, sí pudieron percibir y absorber las preocupaciones, ansiedades y estrés del entorno familiar o de quienes cuidaban de ellos.

Durante ese lapso, y sobre todo en los primeros meses del confinamiento, los episodios de regresiones infantiles fueron muy habituales, y no solamente en niños, sino también se produjeron numerosas regresiones en adolescentes.

Uno de los síntomas más comunes fueron los cambios en los ciclos de sueño y las pesadillas.

Sucede que cuando los niños reciben o perciben de sus padres sensaciones de inestabilidad o inseguridad, comienzan a desarrollar miedos, ansiedad y/o estrés.

Tal como venimos hablando a lo largo de este artículo, cuando se activa un temor en un niño, es esperable que reaccione manifestando una regresión, es decir, volviendo atrás, hacia a una etapa anterior del desarrollo, donde sentía equilibrio o seguridad.

Si hacemos el ejercicio de recordar algunos de los cambios experimentados durante el confinamiento, podemos decir que nos vimos afectados en:

  • Ausencia de libertad: a la hora de salir a la calle, al colegio, al trabajo o encontrarnos con seres queridos.
  • Pérdida de movimiento: al permanecer tanto tiempo en nuestros hogares, nos volvimos más sedentarios.
  • Falta de rutina y horarios: se modificó la percepción del tiempo y la falta de compromisos laborales o estudiantiles hizo que también cambiaran nuestros horarios para comer, dormir, jugar, etc.
  • Falta de socialización: el trabajo o la escuela son espacios que también funcionan para encontrarse entre pares.
  • Virtualidad: el teletrabajo y la educación online se vieron afectadas e intervenidas por la cotidianeidad. En muchos casos, interactuar con otras personas pero desde nuestras casas, pudo haber resultado una tarea difícil. No solo por los ruidos y la falta de espacio propio, sino también porque para los niños, que sus padres estén presentes puede cohibirlos o provocarles vergüenza.

Ahora bien, teniendo en cuenta los miedos naturales de padres, madres o cuidadores, y las dificultades mismas del contexto, resulta casi una obviedad que nuestros hijos o hijas manifiesten algún tipo de regresión.

En períodos de pandemia (al igual que en otras circunstancias de la vida donde el peligro se hace presente, y junto a él el miedo), debemos intentar recordar como madres y padres, algunas estrategias, con el fin de acompañarlos, contenerlos y alivianarles el estrés:

  • Prestar especial atención a las charlas de adultos cuando los niños están presentes: hay palabras o modos que realmente pueden asustarlos.
  • Estar atentos al lenguaje no verbal: no olvidemos que sobre todo los niños más pequeños nos observan mucho y comprenden lo que sucede a través de nuestros gestos.
  • Contarles los que está sucediendo, sin mentirles, pero adaptando el relato según su edad y siempre transmitirlo desde la calma.
  • Mantener sus rutinas es de especial importancia en momentos de caos, ya que les aporta estructura y seguridad.

Una vez pasada la tormenta (o la pandemia), también es esperable y frecuente que niños o adolescentes presentes regresiones.

Muchas veces estas situaciones originan nuevos miedos, como salir de casa, reunirse con amigos, enfermarse, etc.

Intentemos acompañarlos, escucharlos y por sobre todas las cosas no restarle importancia a sus emociones o sentimientos: habilitar espacio para que puedan expresarse libremente es lo más valioso que podemos hacer para generar un vínculo de respeto y confianza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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