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    Familia Feliz: ¿Un concepto real?

    Lamentablemente una familia feliz no es un producto que uno pueda adquirir en alguna tienda, o pedir simplemente por delivery.

    Por más dinero que tengas, tampoco podrás comprarlo por internet. El concepto de familia feliz es algo que muchos desean pero no saben como construirla.

    No hay recetas  de “Cómo elaborar una familia feliz”, pero te podemos compartir algunas ideas que pueden ayudarte.  Te aclaro que sus ingredientes, son un poco atípicos: no los encontrarás en tu alacena esta vez, sino que son interrogantes que intentaremos desglosar juntos.

    ¡Manos a la obra!

     

    Familia Feliz ¿Un concepto real?

    Familia Feliz: ¿Cómo lograrlo?

    •  ¿Qué es una familia feliz?

    La felicidad no es sinónimo de un estado de alegría continuo. Si así lo entendemos, probablemente experimentemos sentimientos de frustración, en más de una oportunidad.

    Una familia feliz, es aquella en la que sus integrantes se encuentran a gusto, donde sienten la libertad para expresar sus ideas, pareceres o desacuerdos, allí donde se puede dialogar.

    Algunos de sus pilares son el respeto, la escucha, la cooperación y la tolerancia.

     

    • ¿Cómo es una familia feliz?

    El funcionamiento de una familia es muy parecido al de un equipo. En principio, todos los integrantes deben “tener puesta la misma camiseta”.

    Esto no quiere decir que no existan diferencias, discusiones o desacuerdos, pero sí es importante que compartan los mismos valores, que se establezcan reglas claras y que  prime el diálogo, la libertad de expresarse y la habilidad de poderse escuchar.

     

    • ¿Qué debe tener una familia feliz? ¿Cuáles son sus valores?

    Para que la armonía reine en nuestros hogares, una de las cosas a tener en cuenta es lo que se dice “predicar con el ejemplo”.

    Como madres, padres o adultos responsables, aquello que consideremos importante e indispensable que aprendan nuestros hijos, es lo que tendremos que implementar en nuestro accionar.

    Recordemos que, sobre todo cuando son niños, la imitación es uno de los mecanismos más usuales por la que los más pequeños incorporan hábitos.

     

    • ¿Cómo podemos unir o reconstruir una familia?

    Nunca es tarde para unir lazos.

    A veces el ritmo acelerado, la cotidianeidad, la falta de tiempo debido a las largas jornadas laborales, el estrés de las grandes ciudades, etc. hacen que se produzcan roces, desencuentros o distanciamientos entre los miembros de la familia, ya sea bien entre la misma pareja o incluso entre madres y padres con sus propios hijos.

    Detectar estas falencias es el primer paso. Luego deberíamos poder hallar un momento de encuentro, en algún espacio calmo, que habilite al diálogo, donde todos los integrantes del grupo familiar sientan la comodidad y la confianza para poder hablar y escucharse entre sí.

    Incentivar la libre expresión, de sus sentimientos, pensamientos, inquietudes, es sumamente importante a la hora de comunicarse.

    Finalmente, puedes intentar trazar algún plan estratégico para llevar a cabo esa revinculación. Por ejemplo, acordar algún día a la semana donde todos puedan participar en conjunto de alguna actividad que les guste, puede ser mirar juntos alguna película, ir a pasar la tarde a algún parque o simplemente compartir una comida sin dispositivos móviles que interfieran en la charla. Siempre es preferible comenzar con cosas pequeñas, que se puedan cumplir y luego ir sumando metas, a planear acontecimientos que no se puedan llevar a cabo y que nos genere más frustraciones o desencuentros.

    La idea de formular estas cuatro simples preguntas, y esbozar en cada una de ellas una breve respuesta, es con el fin de incentivarte a que continúes preguntándote y re-preguntándote. A que profundices, ahondes y generes más respuestas.

    Recuerda que cada familia es un mundo y que las verdaderas respuestas, siempre se encuentran dentro de ti.

    Familia feliz  en Tiempos de Covid

    Si hay algo que vino a poner a prueba y a derrumbar el mito de la “familia feliz” haciendo tambalear a más de una, fue la Pandemia a causa del Covid19, que comenzó hacia fines del año 2019, en China y rápidamente se extendió a todo el resto del mundo.

    El confinamiento, que se ha extendido en el tiempo mucho más de lo esperado, ha obligado a familias enteras a desarrollar su lado más creativo, para poder sobrellevar la situación de encierro.

    Familia real: una construcción

    Nos ha enfrentado con nuestros propios universos, miedos, y problemas que quizás veníamos escondiendo bajo la alfombra o haciéndonos los distraídos mirando hacia un costado.

    La realidad se convirtió en un espejo que se nos antepuso delante de nuestros ojos y no pudimos evitar mirar.

    No contábamos con la opción de salir a tomar aire fresco de nuestras crisis internas, porque afuera existía otra crisis, quizás peor que la nuestra.

    Cada familia se vio afectada por el mismo fenómeno, solo que a no todas las golpeó por igual.

    La pandemia vino a evidenciar una realidad social, política y económica, no solo en España, sino en el mundo entero.

    Y también llegó para sacar a flote aquellas cosas del hogar que no venían funcionando del todo bien, quizás desde un largo tiempo atrás.

    Trabajos remotos quienes contaban con la fortuna de poder hacerlo junto a la crianza de niños y niñas 24/7.

    Quienes se encontraban en pareja, se enfrentaron a la necesidad de conciliar, acordar y reinventar hábitos.

    Quienes se encontraban solos, ante el desafío de resolver, decidir, y ser el sostén propio y de los niños y niñas a cargo.

    De repente, dejamos de cumplir solamente el rol de madres o padres, para “hacer de” maestros, amigos, canguros … y seguramente muchos más.

    Pero así como se nos ha puesto difícil más de una vez, donde hemos deseado despertar de una pesadilla, donde hemos tenido tantos sentimientos, sensaciones y emociones mezcladas que nos costaba distinguirlas, también nos ha vuelto más fuertes, más empáticos, más tolerantes con el otro y para con nosotros.

    En muchos casos nos ha unido como familias, o simplemente nos ha amigado con nosotros mismos.

    En algún punto, si miramos un poco (no demasiado) hacia atrás, nos ha hecho comprender acerca del valor de lo importante, de la capacidad de ingenio que tenemos para afrontar situaciones límites y limitantes, y sobre todo que en situaciones verídicas, no existen guiones publicitarios capaces de salvar a ninguna familia, sino, por el contrario, que la felicidad se construye desde adentro, desde cada familia real.

    Familia ideal versus Familia real

    Seguramente muchas veces nos encontramos frente a situaciones que sentimos que se nos van de las manos.

    Experimentamos sentimientos como culpa, desorientación, frustración, angustia, estrés.

    Hasta puede ocurrir que, al menos en algún momento, lleguemos a creer que no hemos nacido para ser madres, padres o formar una familia.

    Simplemente no sabemos cómo hacerlo.

    Y como si esto fuera poco, y para seguir boicoteando una autoestima ya un poco golpeada, vemos en las revistas, redes sociales, series o películas, familias sonrientes, felices, unidas y además ¡bellas!.

    Los cuerpos hegemónicos que nos muestran, conformando la “familia tipo” de cuatro integrantes: madre, padre, hijo e hija, generalmente blancos y occidentales, desayunando a las siete de la mañana en una mesa ordenada, con maquillaje y rostros sonrientes, mientras el perro “Boby” espera con paciencia junto a la puerta que lo lleven a dar su paseo matutino … no es lo que usualmente nos sucede en la cotidianeidad a las personas reales. Ni en este país, ni en cualquier otro.

    Cada familia vive en un contexto distinto, está conformada por individuos con distintas personalidades, necesidades, historias de vida, etc.

    No se puede juzgar ni comparar una familia como si fuese una unidad que funciona por sí sola.

    No se puede pretender ni mucho menos exigir 100 por ciento de armonía y felicidad, como si fuesen especias que se compran por peso en el mercado del barrio.

    Deberíamos intentar hacer el esfuerzo de no compararnos, comprender que lo que miramos en la televisión es un producto que vende, pero que difícilmente se pueda comprar, porque no existe.

    Lo que ocurre puertas adentro de cada hogar, solo lo saben los miembros que conviven allí dentro, como también ellos solos saben acerca de los esfuerzos, el amor, el trabajo y la paciencia con la que día a día se construye y constituye esa familia.

     

     

     

     

     

     

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