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Ser madre y la soledad en la plenitud

Ser madre es de lo más maravilloso que puede sucederte en la vida”, es una frase que solemos escuchar con frecuencia. Y no es que no sea cierto.

Es verdad que este sentimiento es compartido por muchas, muchísimas mujeres. Pero ser “maravilloso” no es sinónimo de ser “perfecto”.

Ser madre es complejo y no es igual para todas. No solo el contexto influye en la manera de vivenciar la maternidad, sino que además, tenemos que tener en cuenta, que cada persona es única, y por lo tanto la experiencia de ser madres también lo será.

Ser madre y la soledad

Ser madre y de lo que no se habla

Quizás convertirnos en madres (sobre todo cuando existe el deseo de serlo) sea uno de los momentos más felices de nuestras vidas. Sin embargo, en esa misma plenitud pueden aparecer estados de angustia, ansiedad, soledad, agotamiento, e incluso depresión.

Es entonces cuando ser madres nos enfrenta a diversas contradicciones, que lejos de generarnos calma, nos descolocan y generan inseguridad.

 

¿Cómo es posible que aparezcan estos síntomas de depresión y ansiedad en este momento tan especial de mi vida?, seguramente muchas se han preguntado.

Durante el embarazo, no solamente cambia nuestro cuerpo, fisiológicamente, que se prepara para alojar, nutrir al bebé, y luego poder dar a luz, sino que además se produce una revolución hormonal que aunque no se evidencie desde afuera (como sí lo hace el crecimiento de la panza, por ejemplo), sucede.

Ocurre y nos afecta, y a veces se nos vuelve difícil explicar el por qué de un llanto repentino, la sensibilidad a flor de piel o la necesidad de dormir mil horas de corrido.

 

Tiempos de ser madres

La llegada de un bebé, nos pone al mundo patas para arriba.

Quién esté al cuidado de un recién nacido, sabrá comprender que todo, absolutamente todo lo que refiere a su supervivencia, depende de nosotros.

Como madres somos las responsables de suplir las necesidades básicas de nuestros bebés: alimentarlos, hacerlos dormir, calmar su llanto, bañarlos, etc.

El tiempo se transforma, y nuestras necesidades o deseos pasan, por un tiempo, a un segundo plano.

De repente nos encontramos comiendo cuando ya no tenemos hambre, yendo al baño cuando no tenemos ganas y hasta intentando conciliar el sueño en horas no habituales.

Se produce en muchos casos, además, una especie de fenómeno de “estado de alerta continúo”, que por lejos contribuye a calmar nuestro estrés.

La gestión del tiempo, sobre todo durante la lactancia se vuelve una de las cuestiones más difíciles de resolver.

Por supuesto que, una vez más, no todos los casos se presentan de igual modo: hay bebés que requieren más disponibilidad, tiempo o cuidados que otros. Hay madres que transitan la crianza en pareja, con ayuda o solas, hay cuerpos de personas gestantes más vulnerables que otros.

 

Las mil caras de la maternidad

En una sociedad de un mundo binario, pareciera que solo existiesen dos opciones:  bonito/feo, feliz/triste, agradable/desagradable, luz/oscuridad y así casi de manera infinita.

De modo que si una persona no encaja en alguna de estas dos alternativas, queda por fuera, permanece boyando.

Pero eso no es todo, también nos dicen cómo ser madres y cómo debemos sentirnos en determinadas situaciones.

Entonces solemos vincular, socialmente, a la maternidad, con algo bonito, alegre, agradable y luminoso… ¡Una bendición!

Y si no experimentamos estos sentimientos, entonces es porque nos encontramos del lado opuesto. Y eso no está bien, no es normal, no es lo esperado, no somos buenas madres.

“La maternidad tiene también su lado oscuro”, recuerdo haber escuchado una vez, siendo niña. Y esa frase me quedó resonando hasta el día de hoy.

Pues yo creo que, el hecho de ser madres (y como todo, en realidad, en esta vida) no implica vivenciar una u otra cara de la moneda.

Ser madre y de lo que no se habla

Ser madre es experimentar mil facetas, es sentirnos dichosas, solas, agotadas, extasiadas, hermosas, horribles, empoderadas, vulnerables, inseguras… y a veces todo al mismo tiempo.

Romper con el ideal de “ser buena madre” impuesto socialmente, es clave para que cada mujer pueda vivir su propio proceso, único, con total libertad y dejar los prejuicios del lado de la puerta hacia afuera.

Que se queden el exterior, que es de donde provienen.

 

Depresión pos parto

Al poco tiempo de ser madres muchas mujeres, sufren este trastorno llamado “depresión pos parto”, que se caracteriza por vivenciar sentimientos de angustia, cansancio e incluso ataques de ansiedad, en ciertos casos.

Esa sensación de a veces “necesitar vacaciones” del bebé, de sentir que no lo estamos haciendo bien, que no nacimos para esto, que no sabemos hacerlo bien… y seguidamente la carga de kilos de culpa que caen sobre nuestras espaldas, lo único que hace es angustiarnos aún más.

Existe una delgada línea entre encasillarnos dentro de alguna patología, y comprender que los padecimientos no son otra cosa más que emociones y estados por las exigencias del entorno.

 

Es importante identificar estas sensaciones y de ser necesario darnos el lugar para acudir  a algún profesional que en tal caso analice la situación y diagnostique para así poder saber mejor lo que nos sucede y ser acompañadas en este proceso de ser necesario.

 

Tips para ser buena… ¡contigo misma!

Si bien no existe un manual o instructivo de cómo ser madre y lidiar con lo que nos acontece, sí me atrevo a compartirte algunos “recordatorios”, que estoy segura que ya lo sabes, pero siento de todas formas que es esencial, en ciertos momentos, que alguien nos los recuerde:

  • Rodéate de personas empáticas: es importante saber elegir con quién hablar en ciertos momentos. Esto no quiere decir que reduzcas tu círculo social solo a aquellos que te den la razón, pero sí que, aquellos días en los que te sientes angustiada, o vulnerable, puedas evitar vincularte con esas personas que sabes de antemano que no aportarán nada positivo o que te generarán sentimientos de culpa.

 

  • Busca apoyo emocional: no dudes en recurrir a algún profesional como un psicólogo o coach si lo necesitas o lo deseas. A veces el solo hecho de poder generar un espacio para ti y poder escucharte, ya es bastante.

 

  • Intenta no compararte: cada persona es única, desde la estructura psíquica hasta el contexto, pasando por el momento vital que cada cuál esté atravesando. No te compares, ni mucho menos te dejes llevar por fotos o posteos de redes sociales de gente que ni siquiera conoces. Intenta mirar más hacia adentro que hacia afuera.

 

  • Respeta tus tiempos: los tiempos son personales. Hay mujeres con procesos más largos para adaptarse a los cambios y otras con procesos más cortos. Date tu tiempo.

 

  • Respeta tus ganas: no todas las personas tenemos las mismas necesidades o ganas durante el embarazo y luego en la maternidad. Intenta identificar cuáles son tus propios deseos y respétalos.

 

  • Valora lo que sí pudiste hoy: trata de enfocarte en tus logros, una idea que puedo brindarte es la hacer una lista en un papel e ir anotando lo que hiciste, aquello que tedio placer o satisfacción. A veces, la falta, o aquello que no logramos opacan todo lo otro que sí pudimos. Visualizarlo es una forma de no olvidarlo.

 

  • Vive un momento a la vez: no hay un día a día en la maternidad, hay un momento a momento. Recuerda que el día tiene 24 horas y que a veces los acontecimientos o el estado de ánimo puede variar o transformarse de un momento para el Respira, exhala. Paso a paso.

 

  • Intenta delegar: recuerda que no tienes por qué resolverlo todo tu sola. Y que probablemente existan otras personas que también hagan las cosas tan bien como las haces tú.

 

  • Pide ayuda: no cargues todo en tus espaldas. Aprender a pedir es tan importante como poder dar.

 

  • Recuerda que estás aprendiendo: cada experiencia es única. No importa si ya tienes hijos, si eres madre primeriza, recuerda que esto es nuevo y que los errores forman parte del aprendizaje.

 

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